Psicología General

Trastornos alimentarios y del apetito

Dr. C. George Boeree
Departamento de Psicología 
Universidad de Shippensburg

Traducción al castellano: 
Nacho Madrid


La biología del hambre

Normalmente nos hacemos conscientes del hecho de que tenemos hambre cuando nos “suenan las tripas”, que son solo contracciones del estómago. Para mucha gente, esto es un gran incentivo para comer, pero no es, fisiológicamente, el más significativo indicador del hambre.

Más importante es el nivel de glucosa en sangre. La mayoría de la comida que comes se convierte en glucosa, mucha de la cual es convertida por el hígado en grasa para su posterior uso. Cuando los niveles de glucosa son bajos, el hígado envía señales al hipotálamo – específicamente, al hipotálamo lateral – de que los niveles son bajos. El hipotálamo entonces dispara los hábitos que tengas adquiridos relacionados con la búsqueda de comida y su consumo.

Otra porción del hipotálamo (el hipotálamo paraventricular) realmente te dice más específicamente que comida necesitas, y parece ser responsable de muchas de nuestras ansias o “antojos”.

La sensación de que es hora de parar de comer se llama saciedad. De nuevo, los principales indicadores pueden ser la distensión del estómago y los intestinos – esa sensación de estar llenos e incluso hinchados que todos conocemos después de una cena navideña.

También hay ciertas hormonas que son liberadas cuando la comida empieza a moverse desde el estómago a los intestinos que señalan al hipotálamo (esta vez al hipotálamo ventromedial) de que es hora de parar de comer.

También hay una hormona liberada por las propias células grasas llamada leptina, que reduce el apetito por vía del hipotálamo.

Estoy seguro de que todos habéis hablado sobre una persona que tiene un mejor metabolismo que otra. Alguna gente parece quemar calorías tan rápido como las comen, mientras que otros ganan peso solo mirando la comida. A esto se le llama la hipótesis del valor de referencia. Esta sugiere que cada cual tiene un cierto valor de referencia metabólico, un cierto peso alrededor del que estamos engranados, que está determinado por vuestro metabolismo, o la tasa a la que quemas calorías. Gente diferente tiene valores de referencia diferentes, y se cree que estos valores de referencia pueden cambiar dependiendo de varios factores, incluyendo los patrones de alimentación y el ejercicio.

La Psicología del Apetito

El apetito no es, por supuesto, un proceso enteramente fisiológico. En primer lugar, las preferencias culturales e incluso individuales aprendidas y los hábitos alimenticios pueden marcar la diferencia. Por ejemplo, algunos de nosotros hacemos comidas regulares y raramente consumimos “snacks”, mientras que otros solo picotean durante el día. Cada cultura tiene su colección de comidas que son preferidas y aquellas que se evitan. A muchas personas les gusta la carne asada de grandes herbívoros (p.e. un filete); otros prefieren los calamares crudos; otros incluso prefieren pastar en una vegetación variada...

Nuestra cultura y educación también nos proveen con varias creencias y actitudes sobre los alimentos la comida en general, y nuestras memorias personales también pueden influenciar nuestros comportamientos alimentarios. Algunos de nosotros hemos crecido con la idea de que nunca debemos desperdiciar la comida, por ejemplo, y muchos de nosotros tenemos un apego particular a lo que algunas veces se llama “alimentos de confort”.

Comer es una cosa social en el ser humano y puede dar a uno un sentido de amor y pertenencia. Se ha sugerido que para algunas personas, la comida es un sustituto del amor que ansían. También, algunos alimentos – se me vienen a la cabeza el chocolate y el helado – parecen reducir la ansiedad y el estrés en muchos de nosotros.

Una de las más poderosas experiencias de aprendizaje tanto de humanos como animales se ha llamado aversión gustativa: Si nos sentimos enfermos pronto después de haber comido algo, podemos desarrollar un disgusto instantáneo por esa comida para el resto de nuestras vidas. Los niños a menudo dicen que son “alérgicos” a una comida u otra cuando esto pasa.


Trastornos Alimentarios

Como ocurre con muchas de las cosas tan importantes como es alimentarse, los seres humanos han desarrollado varios trastornos de la alimentación. Uno es llamado bulimia nerviosa, y consiste en un patrón de “atracones”  y “purgas”  -- periodos de incluso sobreingesta extrema seguidos de periodos de vómitos o uso de laxantes.

Los bulímicos están a menudo obsesionados con mantener o reducir su peso. Tienden a sufrir de depresión, ansiedad, pobre autoestima, y pobre control de impulsos. Tienden a venir de familias con historia de problemas emocionales como la depresión, al igual que familias con problemas de obesidad.

La anorexia nerviosa es otro trastorno de la alimentación que implica la dieta hasta la inanición. La norma general es que se considera a una persona seriamente baja de peso si está un 15 % por debajo de su peso ideal. Las personas con anorexia a menudo vomitan o usan laxantes, al igual que los bulímicos. Tienen un miedo intenso a estar gordas y están obsesionadas con estar delgadas. A menudo tienen una imagen corporal distorsionada, lo cual significa que cuando se miran al espejo, tienden a ver a alguien con sobrepeso, cuando otros las ven como esqueletos andantes. Las personas anoréxicas a menudo vienen de familias muy competitivas y demandantes, y a menudo son perfeccionistas con una gran necesidad de controlar todos los aspectos de sus vidas.

Fisiológicamente, la anorexia ha sido relacionada con niveles anormales del neurotransmisor serotonina, el cual está implicado en la regulación de la ingesta. La investigación con gemelos sugiere que puede haber un aspecto genético en la anorexia también.

La mayoría de las personas anoréxicas y bulímicas son mujeres jóvenes, incluyendo entre un 1 y 4 % de chicas de instituto y universidad. Parece que hay aspectos fisiológicos de la adolescencia femenina contribuyendo al problema, pero podemos darnos cuenta de que el 10 % de los adolescentes con anorexia son chicos. Pero buena parte de estos trastornos son probablemente sociales: En nuestra sociedad, los estándares de belleza tienden a enfatizar la delgadez, y las mujeres en particular tienden a ser juzgadas en base a su belleza, algunas veces hasta la exclusión de todo lo demás. Ciertamente, si te fijas en muchas revistas para mujeres jóvenes, o anuncios dirigidos a ellas, podrías pensar que la belleza lo es todo, y que la grasa es el beso de la muerte para la autoestima.

Es interesante notar que, mientras que la mujer americana media mide 1’62 Metros y pesa unos 64 kg., las medidas de una modelo media son de 1’75 Metros y un peso de 50 Kg. Si Barbie, ese ideal de belleza femenina de la infancia, fuera a tamaño real, sus medidas serian de 36-18-33.

Es interesante que las culturas con estándares de belleza que tienen más respeto por la personalidad de la mujer o otros rasgos, y las culturas que aprecian a las mujeres más pesadas, tienen bastantes menos problemas con la bulimia o la anorexia.

Obesidad

A pesar de todo el sufrimiento del que es responsable la anorexia y bulimia, hay otro desorden de la alimentación que causa más aun: La obesidad. Por lo general se te considera obeso si tiene un 35 % por encima de tu peso ideal. Siguiendo esa regla, un 21 % de los americanos son obesos. Los europeos y otros con poblaciones más delgadas no deben regodearse mucho de este hecho, de cualquier modo: Esta tendencia es realmente global.

Fisiológicamente, la obesidad está fuertemente asociada con enfermedades como la diabetes, alta presión sanguínea, enfermedades cardiacas y algunos cánceres. De hecho, la obesidad está asociada con el mismo porcentaje de muertes por cáncer – 30 % -- que el hábito de fumar. Psicológicamente, el peaje es también alto, y la obesidad está asociada con la depresión. Incluso sociológicamente, la gente obesa se enfrenta a una considerable discriminación, desde las burlas infantiles hasta la negación de empleo en los adultos. Y al contrario que otros tipos de discriminación, esta es realmente considerada culpa de la persona gorda.

La genética es una causa principal de la obesidad, y en entre el 40 y 70 % de la variación en el peso corporal parece ser genético. Nuestros antecesores que nos transmitieron estos genes no se volvieron gordos, principalmente porque no tenían tanta comida disponible como nosotros, y porque tenían que trabajar duro y andar más para hacerlo.

Pero el aprendizaje es también un factor importante, incluyendo los patrones de alimentación en la niñez y un estilo de vida sedentario. Nuestra cultura no ayuda en nada, en la que nuestra industria de comidas y snacks gasta millones de dólares cada año en animarnos (incluyendo a los niños) a comer comidas grasientas y azucaradas. A menudo las mismas compañías ganan millones de dólares vendiéndonos programas y productos para la pérdida de peso.

La mayoría de la gente intenta enfrentarse a la obesidad con la dieta. De hecho el 80 % de todas las mujeres americanas hacen dieta, y el 25 % de los hombres. El 50 % de las chicas menores de 18 años también la hacen. Desafortunadamente, a pesar de que las dietas funcionan a corto plazo y por pequeñas cantidades, a menudo fallan a largo plazo para la gente que esta realmente obesa.

Hacer dieta e convierte en algo incluso más difícil por la forma en que funciona el valor de referencia: Cuando haces dieta, tu cuerpo piensa que estas hambriento, y reajusta el metabolismo para ser más eficiente, por lo que te causa la necesidad de menos comida para mantener tu cuerpo, y hace incluso más difícil perder peso. A pesar de que necesitas comer más de lo que quemas para hacerte gordo, una vez que estas gordo no necesitas comer mucho en absoluto.

Dieta y ejercicio es, por supuesto, la única esperanza, pero la tasa de fracaso es tan grande – 95 % - que los médicos a menudo se centran en tratar las enfermedades que resultan de la obesidad más que luchar con la obesidad en sí misma. Puede ser interesante el hecho de que el entrenamiento en musculación ayuda: los músculos usan más calorías incluso en estado de reposo que otros tejidos. Hay también alguna esperanza en la investigación médica futura, incluyendo la investigación sobre los efectos de la leptina y posibles intervenciones genéticas.