Psicología General

Motivación

Dr. C. George Boeree
Departamento de Psicología 
Universidad de Shippensburg

Traducción al castellano: 
Nacho Madrid


Motivación
     Ahora nos movemos desde las cuestiones sobre qué sentimos a cuestiones sobre qué queremos. Como dije antes, el “yo” es lo que da a las cosas su significado. Algunos filósofos y psicólogos sugieren que la única cosa que hace a una persona (o a un ser vivo) diferente de un ingenio mecánico es una persona da significado a las cosas.

      Damos significado a las cosas porque tenemos deseos. A causa del deseo, algunas cosas tienen valor para nosotros, y algunas no; algunas son relevantes para nosotros, algunas no lo son; y el valor o la relevancia es solo otra forma de hablar sobre el significado.

      Los conductistas y otros teóricos que adoptan un enfoque bastante biológico a la psicología sugieren que nuestros todos nuestros deseos se reducen al deseo de sobrevivir. De forma que nuestras necesidades más fundamentales son la comida, el agua, el descanso, y la evitación del dolor. Las motivaciones más complejas se ven como derivadas de estas por el aprendizaje.

     Los freudianos tienen una visión similar, y se refieren al deseo como libido. Ellos, en cualquier caso, se centran más en la necesidad de sobrevivir más allá de la vida de un individuo a través de la reproducción. Ya que la supervivencia de todas las necesidades e instintos que le sirven dependen de hecho de la reproducción, es bastante razonable hacer del sexo el deseo clave. La sociobióloga está de acuerdo con los freudianos en esto.

      Los humanistas usan la palabra actualización, que significa “el deseo de mantener y mejorar el yo”. Por lo que el “mantenimiento” ciertamente incluye la supervivencia, puesto que se entiende que nos estamos refiriendo a la supervivencia tanto del yo psicológico como del yo físico. Y la “mejora” significa que hacemos más que solo intentar sobrevivir.

      Por ejemplo, la mayoría de los animales “inferiores” reaccionan a los problemas y aprenden de sus errores. Pero los animales “superiores” tienen ciertos deseos extra – como la curiosidad o el juego – que les animan a aprender sobre potenciales problemas antes incluso de que sucedan errores serios. Los gatitos, perritos y niños humanos son celebres por este tipo de “mejora”. A veces nos referimos a esto como motivación de competencia.

      Las criaturas sociales como nosotros dependen unos de otros para mucho de este “mantenimiento y mejora”. Una cosa que necesitamos, especialmente temprano en nuestras vidas, es el refuerzo positivo, que quiere decir atención, afecto, etc. En principio, es una cuestión de supervivencia física; más adelante, un signo de que tenemos apoyo alrededor de nosotros.

      Los seres humanos toman esta necesidad un paso más allá: Debido a que tenemos una vida mental interna (gracias a la anticipación, etc.), podemos interiorizar tanto las necesidades que tenemos para el refuerzo positivo como su satisfacción o no-satisfacción. En otras palabras, tenemos un deseo y necesidad para un auto-refuerzo positivo, también llamado como autorespeto, autovaloración o autoestima.

      La autoestima pobre – el complejo de inferioridad – es una de las fuentes más comunes de problemas psicológicos que un terapeuta puede encontrar. La mayoría de nosotros tiene estos complejos sobre una cosa u otra: apariencias, inteligencia, fortaleza, habilidades sociales, etc. Incluso el matón, la bella o el fanfarrón – gente con complejos de superioridad – pueden ser entendidos como gente con una pobre autoestima que la toma de otros.

      Me gustaría sugerir que todas estas motivaciones son reales y relevantes para comprender a la gente. Y podemos diferenciar entre cada uno en relación a qué motiva a cada persona: Algunos de nosotros “viven para comer”; otros son “fanáticos sexuales”; otros son excesivamente curiosos y otros aun están dirigidos por el ego; y así.


El Hábito

      Otro aspecto de la motivación que es difícil de sobreestimar es el hábito. Si piensas sobre ello, casi todas las cosas obre las que hemos hablado incluyen volver a un estado desestresado. Cuando hablamos sobre necesidades físicas, por ejemplo, a menudo hablamos sobre homeostasis: como un termostato que controla un horno, comemos cuando estamos bajos de nutrientes, y paramos de comer cuando tenemos suficiente.

      Lo mismo puede aplicarse a los fenómenos psicológicos: cuando nuestro entendimiento de las cosas es escaso y fallamos al anticiparnos, tratamos de mejorar nuestro conocimiento; una vez que comprendemos algo, y nuestras anticipaciones den en el blanco, estaremos satisfechos. De hecho, casi parecería que pasamos nuestras vidas tratando de estar inconscientes. Después de todo, sentimos angustia cuando las cosas van mal y deseo placer cuando las cosas mejorar, pero ninguna de las dos cosas cuando todo va correctamente.

      Los hábitos son cosas que son tan minuciosamente aprendidas, que funcionan tan suavemente, con tan poca angustia o deseo, que son inconscientes.

      Cuando los hábitos se refieren a comportamientos sociales, los llamamos rituales. Las coronaciones, bodas, ceremonias, funerales, hacer cola, tomar turnos al hablar, decir “hola, ¿como estas? “ (quieras saberlo o no), todo son ejemplos de rituales.
También hay siempre formas de pensar y percibir que son tan minuciosamente aprendidas que tendemos a no ser conscientes de ellas: actitudes, conjuntos mentales, normas, prejuicios, defensas, etc.

      La clave para identificar hábitos y rituales es que los actos son esencialmente no emocionales e inconscientes. Ducharnos, por ejemplo: lo raro es que te lavas más o menos de la misma forma cada día, como i estuvieses jugando un juego de ordenador.  Objetarás que las cosas que rodea a los hábitos o rituales pueden ser emocionales (por ejemplo, un funeral), pero las cosas que se hacen también se hacen casi automáticamente – como conducir un coche – hasta que las cosas van mal.

      Cuando esto pasa, experimentas algún tipo de angustia. Ve y dile a alguien que pregunta "¿como estás?" todo sobre como realmente te sientes. O quédate de forma errónea en un ascensor. O interrumpe el flujo suave de un restaurante (por ejemplo, tomando nota de los pedidos “para ayudar”). Esto es llamado “Garfinkling” (en inglés) por Harold Garfinkle, que lo inventó. Esto revelará reglas de comportamiento que están tan ritualizadas que hemos olvidado que existen.

      De cualquier forma, mantener las cosas tal como están, manteniendo la ley y orden social, es una motivación extremadamente poderosa. En su forma más positiva, es nuestro deseo de paz y satisfacción. En su forma más negativa, está nuestra resistencia a nada nuevo o diferente.


Motivaciones superiores

      Al otro lado del espectro están lo que podríamos llamar motivaciones superiores, como la creatividad y la compasión.
Hay veces cuando estamos por un momento “trasportados fuera de nosotros”, o, para ponerlo de otra forma, cuando sentimos una identificación con algo mayor que nosotros. Mucha gente experimenta esos momentos cuando están al borde del Gran Cañón por primera vez, o entra en una de las grandes catedrales de Europa por primera vez. El océano, la acrópolis, las secuoyas, los colibríes, la música, incluso un gran libro o película puede hacer esto también. Podemos llamarlo una experiencia “cima”, espiritual o mística, o solo llamarlo sobrecogimiento.

      Este tipo de cosas también suceden con ciertos comportamientos. Los escaladores hablan sobre la experiencia de flujo (Czentimihalyi), cuando sus mentes están totalmente ocupadas con la tarea entre manos y se sienten “uno con la montaña”. Los bailarines, actores, músicos y atletas mencionan experiencias similares de implicación.

      Las actividades creativas pueden también darnos estos sentimientos. Los artistas, músicos, escritores, científicos y artesanos hablan sobre un punto en el cual son llevados por su creación, más que al contrario.

      Y lo sentimos cuando estamos realmente enamorados de alguien, cuando se vuelven más importantes que nosotros mismos. Albert Achweiter decía que solo aquellos que sirven a otros pueden ser realmente felices. A esto se le llama compasión.

      En todos estos ejemplos, no solo vemos “mantenimiento y mejora del yo”  sino una trascendencia del yo, una perdida del yo que paradójicamente nos lleva a una expansión del yo. La mayoría de las religiones y filosofías hacen de esto sus valores más altos.


Libertad

     Hay algo muy peculiar sobre la gente : Mientras que, desde fuera, podría parecer como si nuestros comportamientos fueran completamente determinados por las variadas fuerzas que inciden sobre nosotros – la genética, el mundo físico, las presiones sociales – parecemos ser capaces de “retirarlo” de vez en cuando, por un momento o dos, del flujo de sucesos. Podemos pararnos a reflexionar sobre las cosas. Y podemos imaginar y pensar sobre cosas que no están inmediatamente presentes.

     Por ejemplo: a veces una parte de nosotros – digamos nuestra fisiología heredada –quiere gratificación sexual, y la quiere en este momento. Otra parte de nosotros – digamos nuestra educación social – requiere respeto, seguridad, virtuosidad, afecto, o lo que sea. Si estamos completamente determinados, podemos simplemente ir con la fuerza más poderosa, y la vida puede ser fácil. En cambio, tenemos la habilidad de sopesar las fuerzas.

     Algunas veces esto es un proceso casi inconsciente. Podemos sopesar dos fuerzas emocionalmente, en términos de ansiedad y deseo relativos. Pero podemos retroceder un poco y añadir ciertas consideraciones racionales, y considerar cosas como el significado del pecado, la extrañeza de ser descubierto, o si la urgencia se ira si la ignoramos. Preocuparse sobre las cosas de esta manera puede ser desagradable, pero es un signo de nuestra libertad de elección.

      Podemos también crear nuevas opiniones. Solo las personas se enfrentan tanto a posibilidades como a realidades.  Cuando las cosas parecen ser una cuestión de o esto o aquello, malo tanto si lo haces como si no, podemos pausar, y reflexionar, y crear una tercera – o cuarta, o quinta... – posibilidad.

      Incluso cuando las alternativas parecen estar totalmente ausentes, alguna libertad permanece. El escritor y filósofo Jean-Paul Sartre, después de enfrentarse a la tortura de la Gestapo, descubrió que el siempre podía decir no. Al menos siempre tienes la elección de la actitud que tomarás ante tu sufrimiento, a pesar de lo duro que pueda ser.

      Todo esto es muy frustrante para cualquiera que hacer a la psicología una “ciencia dura” como la química o la física. Verdaderamente, la mayoría del tiempo estamos tan determinados como ladrillos cayendo. Pero en cualquier caso, no seguimos las “leyes del comportamiento humano”, ¡las creamos nosotros!


Una Jerarquía de Necesidades

      Está claro que algunas necesidades sean más demandantes que otras: Si tienes hambre, sed, y falta de aire, debes atender primero a la falta de aire, al agua en segundo lugar y a la comida en tercero. Abraham Maslow tomó esta idea y creó su ahora famosa jerarquía de necesidades. Más allá del aire, agua y comida, el estableció cinco capas más amplias: las necesidades fisiológicas, la necesidad de seguridad, la necesidad de pertenencia, la necesidad de estima y la necesidad de actualización del yo, en ese orden.

Jerarquía de Necesidades

1. Las necesidades fisiológicas. Estas incluyen las necesidades que tenemos de oxígeno, agua, proteínas, sal, azúcar, calcio, y otros minerales y vitaminas. También incluye la necesidad de mantener un balance de pH (si se vuelve demasiado ácido o básico puede matarte) y la temperatura (36.5 º C más o menos). Además, hay necesidades de ser activos, de descansar, de dormir, deshacerse de los residuos (CO2, sudor, orina, y heces), evitar el dolor, o tener sexo. ¡Una buena colección!

2. La necesidad de seguridad. Cuando las necesidades fisiológicas están cubiertas, la segunda capa de necesidades entra en juego. Te encontrarás interesándote cada vez más en encontrarte en circunstancias seguras, estabilidad, protección. Puede ser que desarrolles una necesidad para la estructura, para el orden, algunos límites.

3. Las necesidades de amor y pertenencia. Cuando las necesidades fisiológicas y de seguridad están, en conjunto, satisfechas, una tercera capa empieza a mostrarse. Empiezas a sentir la necesidad de amigos, pareja, hijos, relaciones afectivas en general, incluso de un sentido de comunidad. Mirado negativamente, empiezas a volverte cada vez más susceptible a la soledad y la ansiedad social.

4. La necesidad de estima. A continuación, empezamos a buscar autoestima. Maslow señaló dos tipos de necesidad de estima, una baja y otra alta. La autoestima baja es la necesidad del respeto de los demás, la necesidad de estatus, fama, gloria, reconocimiento, atención, reputación, aprecio, dignidad, incluso dominio. La autoestima alta incluye la necesidad de autorespeto, incluyendo aquellas emociones como la confianza, competencia, logro, maestría, independencia, y libertad. Fíjate que es “alta” porque, al contrario que el respeto de los otros, una vez que tienes autorespeto es muy difícil perderlo.

      Todos los niveles precedentes son llamados necesidades de déficit. Si no tienes suficiente de algo – esto es, tienes un déficit – sientes la necesidad. Pero si tienes todo lo que necesitas, no sientes nada. En otras palabras, cesan de ser motivantes. Como dice la antigua canción de blues, “no echas de menos tu agua hasta que tu pozo se queda seco”.

5. El último nivel es un poco diferente. Maslow lo llamo auto-actualización o las necesidades del ser. La actualización como Maslow usaba el término se refiere al tipo de cosas que llamamos motivaciones superiores --  creatividad, compasión, apreciación de la belleza, verdad, justicia, y demás. Difieren de las necesidades de déficit en que se vuelven una parte de tu ser, parte de lo que eres. Maslow dijo una vez que las necesidades del ser eran el deseo de “ser todo lo que puedes ser”.