Psicología General

Sexualidad III : La orientación sexual

Dr. C. George Boeree
Departamento de Psicología 
Universidad de Shippensburg

Traducción al castellano: 
Nacho Madrid


     Las raíces de la homosexualidad son todavía un misterio (aunque solo un poco más misterioso que los orígenes de la heterosexualidad). Como casi todas las cosas, parece implicar tanto las raíces genético-fisiológicas como las raíces cultura-aprendizaje. Aquí mostramos algunos de los posibles factores:
     En primer lugar, puede haber bases genéticas en la homosexualidad. J. Michael Bailey y Richard C. Pillard, por ejemplo, descubrieron que el 52 % de los gemelos idénticos de hombre homosexuales eran también homosexuales, comparado con solo un 22 % de los gemelos no idénticos. De forma similar, encontraron que si una gemela idéntica es lesbiana, en casi el 50 % de los casos estudiados, la otra gemela era también lesbiana, en comparación con el 16 % de las gemelas no idénticas.

      La gente a menudo pregunta: Si la homosexualidad es genética, ¿cómo trascenderá a las generaciones futuras? Los homosexuales tienen hijos, por supuesto, pero a una tasa considerablemente menor que los heterosexuales. De forma que ¿porque no ha “des-evolucionado” de nosotros? Existen varias posibilidades, pero la más obvia es que los genes responsables de la orientación sexual son similares a aquellos genes simples que son responsables de la anemia de las células falciformes: si obtienes un gen de célula falciforme de la madre y un gen de célula falciforme del padre, entonces adquirirás una anemia de las células falciformes, una enfermedad mortal. Pero los genes de las células falciformes se mantienen en parte en la población porque si tienes uno de ellos eres más resistente a la malaria.

      De la misma forma, si se posee una dosis completa de genes para la homosexualidad, se es menos propenso a la reproducción. Pero media dosis puede realmente hacer a la persona más propensa a sobrevivir y reproducirse. Las mujeres con algunas características más asociadas a los hombres (¿la asertividad, quizás?) pueden hacerlo mejor que sus hermanas más femeninas. De igual forma, los hombres con algunas características de las mujeres (¿quizá más afecto por sus hijos?) pueden hacerlo mejor que sus hermanos más machos.

      Incluso con un componente genético de la homosexualidad, necesitamos comprender que los genes son solo responsables de hacer las proteínas, y aun necesitamos explicar cómo las proteínas pueden influir en los comportamientos sexuales. Una vía fructífera es, naturalmente, las hormonas sexuales, especialmente la testosterona y los estrógenos.

      Los estrógenos, las hormonas femeninas, son las hormonas por defecto: Si la testosterona no está presente en un feto en desarrollo, este se convertirá en una chica, da igual si tiene la genética de una chica o no. Por otra parte, si la testosterona se añade de alguna forma al feto en desarrollo, desarrollará testículos, un pene y demás, incluso si tiene el ADN de una chica. Hay ciertas circunstancias donde esto ocurre, incluso en seres humanos.

      Tanto los hombres como las mujeres tienen testosterona (es crucial para el crecimiento), pero los hombres tienen cerca de 100 veces más. En ratas y ratones, los niveles bajos tienden a estar asociados a la lordosis, que es el término técnico que describe la postura sexual que las hembras tienden a adoptar. Los niveles altos en animales están asociados a una tendencia a montar a otros animales.

      Los hombres con niveles altos de testosterona tienden a tener una apariencia más masculina, tienden a comportarse de una forma más masculina, y tienden a ser más agresivos. Los hombres con menos testosterona tienden a mirar y actuar en cierta forma más parecida a las mujeres, y las mujeres con más testosterona que otras mujeres tienden a parecer y actuar en cierta forma más como hombres. En cualquier caso, no hay conexiones poderosas entre los niveles de testosterona y la homosexualidad en los seres humanos: la investigación no ha encontrado diferencias entre los hombres homosexuales y los heterosexuales cuando se tiene en cuenta cuanta testosterona está circulando por su sangre. Aparentemente, nuestra orientación sexual es un poco más complicada que la de ratas o ratones.

      Otros estudios sugieren que hay diferencias en la forma en que hombres y mujeres responden a los estrógenos: las mujeres responden produciendo mayor cantidad de una hormona pituitaria llamada hormona luiteinizante o LH. Los hombres no. Pero los hombres homosexuales responden de forma más parecida a la de las mujeres, lo que sugiere que los hombres homosexuales tienen un hipotálamo más femenino. Podemos por tanto esperar que las lesbianas tengan una respuesta más masculina, pero este no es el caso. De hecho, ellas responden con mayor producción de LH que las mujeres heterosexuales (como si fueran más femeninas en lugar de menos). Esto sugiere que la homosexualidad funciona de forma diferente en hombres y mujeres.

      Ha habido estudios de estructuras cerebrales, buscando las diferencias entre hombres y mujeres y entre heterosexuales y homosexuales. Algunas diferencias pequeñas han sido identificadas tentativamente, pero la investigación está todavía en sus etapas tempranas. Y no tenemos aun forma de saber si esas diferencias de género y orientación causan las diferencias hormonales o son las diferencias hormonales las que causan las diferencias de genero y orientación.

      Todavía, el argumento de que al menos una buena proporción de nuestra orientación sexual es biológica es difícil de negar. Los homosexuales a menudo dicen que han sentido una atracción hacia su mismo sexo desde que pueden recordarlo. Y estudios de Martha McClintock y Gilbert Herdt mostraron que tanto los homosexuales como los heterosexuales desarrollan la atracción hacia el sexo opuesto o el mismo sexo a la edad de 10 años, dos o tres años antes de que empiecen a mostrar claros signos de pubertad. Siendo la heterosexualidad nuestra normal cultural clara, no deberíamos ver una atracción hacia individuos del mismo sexo como si fuera solo un comportamiento aprendido. Por el contrario, entre el 3 y el 10 % de la población se considera homosexual.

      La relación entre un instinto y la educación es una cuestión de impronta: la naturaleza precisa de un estímulo complejo no directamente suministrado en la programación genética del cerebro. Es más eficiente programar el cerebro para dar una respuesta intelectual a un estímulo mientras experiencias ese estímulo. Al igual que los patitos siguen el primer estímulo móvil grande que ven, por usar el ejemplo clásico. Hay también un periodo crítico durante el que ocurre la impronta. Para los gansos, esto es una cuestión de un par de días.

      Las teorías de Freud sobre la orientación sexual son básicamente lo mismo que esto. Durante un periodo crítico (que el pensaba que se producía entre los 3 y 6 años) la orientación sexual se fija por un proceso complejo de relaciones familiares que él llamó la crisis Oedipal. Un chico joven comienza por apegarse a su madre. A medida que se hace mayor, se da cuenta de la prioridad de su padre en relación con su madre, y sustituye a las chicas primero y después a las mujeres por su madre como su interés sexual primario, y comienza a identificarse con su padre, del que aprender que significa ser masculino. Un proceso similar, con complicaciones, ocurre en las chicas jóvenes. La explicación de Freud se enturbia por el uso de conceptos extraños como ansiedad de castración (el miedo supuesto que los chicos tienen a perder su pene) y la envidia del pene (el supuesto deseo que las chicas tienen de que les crezca uno).

      Como la mayoría de los psicólogos, no estoy de acuerdo con muchas de las teorías de Freud. Pero hay algo de sentido en ellas: Sugiero que, en la edad de 3 o 4 años, el aprendizaje social ha informado ya al niño de su género, y para la mayoría, ha reforzado fuertemente la identificación con el progenitor del mismo sexo. La relación entre la madre y el padre se convierte en el modelo para el niño, y las fantasías sexuales posteriores se centran alrededor del género del progenitor del sexo contrario. Esto puede ser reforzado por el progenitor de sexo opuesto jugando el papel de “reactor de rol”, esto es, involucrándose en “ligoteo no sexual” con el niño (“la niña de papa” y “el pequeño hombrecito de mamá”, y cosas similares).

      Freud dijo una vez que los niños son “polimórficamente perversos”, con lo cual quería decir que ellos disfrutan del placer sensual en cualquier forma, de cualquier fuente. Estoy de acuerdo con él en esto. Toma el proceso de impronta para centrar nuestro placer sensual, y posteriormente sexual, en un género o en otro. Si este proceso de impronta es interrumpido de alguna forma desde la culturalmente tradicional de la que acabamos de hablar, podemos encontrar al niño tendiendo hacia otras orientaciones sexuales que las puramente heterosexuales. Esto puede suceder de muchas formas:

(Nótese que, aunque uso palabras como progenitores y madre y padre, los mismos roles de la dinámica familiar pueden ser tomados por otros familiares y no familiares cercanos).

      Si tomamos en cuenta conjuntamente la explicación genético-hormonal y la explicación aprendizaje-familiar, podemos tener un inicio de comprensión de la homosexualidad (y heterosexualidad): Un chico o chica que tienda hacia la homosexualidad biológicamente y que tenga una situación familiar que fomente esa tendencia, es más probable que crezca gay o lesbiana o bisexual. Una persona que ni tenga tendencia biológica ni situación familiar propensa es más probable que crezca heterosexual.
Hay una cosa que puedo decir sobre la homosexualidad con gran seguridad: Ser homosexual de ninguna forma hace a las personas menos humanas, menos dignas de respeto, menos merecedoras de dignidad. Los homosexuales han contribuido enormemente a la humanidad, desde los grandes artistas Leonardo da Vinci y Miguel Angel a los artistas modernos como Lily Tomlin, Elton John, Freddy Mercury, y Ellen Degeneres, y un millón más entre ellos. Aquellos que miran con desprecio a gays y lesbianas están solo revelando su propia ignorancia.